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Amigos desperdigados por diversos manicomios

Christophe conduce por la falda de la montaña. Es un híbrido entre Kurt Cobain y un Cristo suizo. Atraviesa el pinar y aparca en un mirador que me transporta a Mulholland Drive. Los árboles fortifican la explanada.

Koe va de copiloto. Dos metros de raíces germánicas coronadas por rastas. Dueño de gatos consejeros que le dicen «ten cuidado y no te pongas». Suyo es mi mejor retrato grafitero.

Los dos toman el fresco. Fuman frente a un horizonte que alcanza los rascacielos de Madrid. «¿Distingues las torres KIO?». Sacan linternas, se preparan unas rayas y me regalan un supercumplido: «Eres el único con el que se puede hablar de cosas».

Christophe ensaya la próxima sesión de control imitando al doctor: «¿Te has drogado? Dime, ¿te has drogado? Vale, te haré un análisis y sabré si te has drogado». Arranca el motor y pone Too Young de Phoenix, ideal para su nave en esta noche despejada.

Aterrizo en Pirámides. Jardín de Doña Concha Piquer. Choco la mano con PanBen. Tiene calle y pocos prejuicios. Con él hablo sin tapujos en el diván del parque, Consejo de las litronas. Hasta le cuento mi excitación con Cold Turkey de Lennon al creer que los gemidos del outro eran sexuales. Quizás me abro demasiado. Él es menos histriónico, más competitivo. Muerte súbita antes que perder un sprint improvisado. Pero es la persona que mejor me conoce.

Entro en trance clarividente. Le revelo que después de que su novia cortase una relación de doce años porque «no cambiaba», quedaría prendado de una moldava cuyo pack incluía alcohol, ludopatía y menudeos. «No encontraré nada similar». «Con otras no será lo mismo». Finalmente me llamaría para anunciarme el trágico desenlace y una propuesta de reseteo «Vente a vivir conmigo». Yo solo podría pensar: ¿por qué te autolesionaste de aquella manera?

Lunes. Elías el vigilante invade el despacho y parodia al colega ausente roncando escandalosamente. Dispara una ráfaga de preguntas sexuales mientras presume de rabo de pantera «Ja, lo miraste». Noticiario económico. Pega un brinco y enseña un fajo de billetes ganados en Sportium «He estudiado el logaritmo de las ruletas online». Anecdotario. Otro vigilante, picado por sus bromas, llamó a la policía alertando de que un compañero armado lo había amenazado. Acudieron varios furgones de los GEO. Cuando Elías abrió la puerta de la garita lo encañonaron.

Recibo un mensaje. El hippy oscuro parece un montador de escenarios, un segurata de barrera, un miembro del staff de la gira. No encaja en el barómetro del CIS. Piensas que sus ralladas mentales son consecuencia del Black Metal.

La primera vez que lo vi llevaba una sudadera de la UFC «Éste quiere golpe de Estado». Estuvo dos décadas al mando de los reponedores de un supermercado «Te pagan para putear» y se quebró por una infidelidad con hija de por medio. Tras recuperarse, mutó a operador informático de fortuna con la ayuda de un primo que según él era gilipollas.

Enviaba audaces audios a 0,5x de velocidad. Contenido e inquietamente divertido, ajusticiaba a todo el falso espectro de la consultoría: desde managers hasta moluscos de terraza. No logró insuflarme el metal para desequilibrados. Fue vital para que pudiera ver a Blur en La Riviera.

No compartiría techo con Christophe y Koe. Guardo resquemor hacia PanBen por el veto de sus novias. Elías puede ser muy pesado. El capullo del hippy mantiene el contacto, pero pasa de tomar algo. Aún así, con ellos estoy fuera de juicio.

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