Del Primavera a La Riviera
No me interesaba el Primavera Sound de Madrid. Ni Blur era suficiente aliciente para acudir a un erial de Arganda del Rey. Los vería en Wembley.
Transcurridos unos días, hice honor a mi condición de hardcore fan y compré las entradas ante circunstancias inquietantes: 2:05 AM, accesos de guerrilla, mal tiempo.
Alguna vez soñé con Blur tocando en unas fiestas de pueblo. «De madrugada en Arganda lloviendo... Hasta que no esté allí no me lo creo».
Un diluvio inundó la Ciudad del Rock de Arganda provocando la cancelación de la primera jornada del festival.
Me acosté como un gafe aún con la bala de Wembley.
Por la mañana desayuné un bombazo:
Blur, cabezas de cartel de la jornada cancelada, actuarán esta noche en La Riviera. Acceso gratuito para poseedores de entrada del jueves o abono previa reserva en AccessTicket a las 16:00.
Sincronicé el reloj con Greenwich. Actualicé compulsivamente en la habitación del router. La pantalla se ralentizaba, colgaba, amagaba…
ENTRADA ADQUIRIDA. APERTURA DE PUERTAS 19:00h
Volaron en un minuto. Iba a ver a Blur en La Riviera veinte años después.
Recorrí el paseo de la Virgen del Puerto flotando. Muchos seguían cargando la aplicación a las afueras del recinto. Fui cacheado por los colegas de Darren.
Compré un mini de cerveza para abordar fresco el escenario, pero tenía delante doce filas de individuos. No había teloneros, solo el hilo musical. Avanzaría posiciones por los extremos.
Una mujer de rictus serio, gafas de pasta y labios rojos observaba el panorama de brazos cruzados.
—Menuda sorpresa después de la cancelación, ¿no?
—I don’t speak spanish.
—What a surprise to be here. Where are you from?
—Turkey.
Sonreí y esperé unos minutos. Silencio.
Pregunté a una chica de rizos castaños si tuvo problemas con la aplicación. Era argentina, también sus amigas. Les conté varias anécdotas, como la historia del vídeo titulado Damon Albarn Angry que subí a Youtube, el mismo que Missy Albarn usaría para bajarle los humos a su padre.
Las porteñas seguían el rollo sin demasiado entusiasmo. Me olvidé de ellas, no iba a mendigar compañía. Aún así, quería romper la burbuja, compartir impresiones de fanático entre canción y canción. Hablé a un mochilero latino de barba poblada por cuatro pelos, ataviado con una camiseta naranja que lo identificaba como asistente al Primavera de Barcelona. Me quedé con él.
Blur salieron puntuales a ofrecer un recital de dos horas previsto para cielo abierto y pantallas gigantes. Esquive los elementos igual que a la mayoría de edad en la actuación secreta de la Fábrica de Tapices o la quiebra de Air Comet en el viaje a Hyde Park.
«Me quedaría a vivir aquí». Unos amigos consiguieron entrar. Los busqué sin éxito, quedando colgado fuera de la marabunta, junto al puesto de merchandising. Con descaro regresé a mi zona haciendo contorsionismo y encajando codazos.
Durante Sing reviví el mismo momento dos décadas atrás en el tour de Think Tank. «Es raro, pero llegados a este punto sentimos que sois familia. Espero que sintáis que también somos familia para vosotros» dijo Damon.
De cabeza al hervidero. El pogo de Song 2 me aupó a las primeras filas. Un tío con gorra hizo de liebre. Presionamos un poco y los de delante se abrieron.
En Girls & Boys salté fusionado a dos rubias conteniendo las embestidas de las filas traseras. Les enseñé el mensaje de WhatsApp de mis amigos. Ellas mostraron sus pulgares hacia arriba.
Realmente fue nuestro día de suerte, como cantó Damon en The Universal, broche final del concierto.
Los seguidores pedían tracklists, baquetas, púas... Todo lo que dejasen los pipas.
La masa se dispersó. Me apoyé empapado en la valla.