Raíz
En el puente romano dejo de pisar asfalto y enfilo el Camino de la Tierra del Molino. Veo una bola de acero en el cielo y un grillo topo fuera del agujero. El tren salpica piedras oxidadas. Ando por encima de las vías.
La verja verde marca la entrada a la Herrería. Las vacas pastan en las canteras.
Carga inductiva sobre la roca. El hito de granito asentado en la ladera de Abantos. Troncos agrietados. La vida no cincela, usa un picahielo.
Unos gorriones beben en la Fuente de la Prosperidad. Espero mi turno. No descanso en los bancos resecos del sendero a San Lorenzo. Un pasadizo en el crepúsculo.
La calleja larga se estira, gana altura entre el Monasterio y la Casita del Príncipe separando al niño del hombre.
Atravieso la lonja enfundado en una camiseta rojiblanca. Quieto en el lado de poniente. Un bloque más de la mole.
Nací a 300 metros de este punto el día de Pio V.
Sigo petrificado.