Venus atrapamoscas
«Mejor pagar que tener novia. Después de follar no soporto que me toquen» decía el compañero mientras era engullido por su sillón de ejecutivo. Hablaba cuando le preguntaban. Se divertía por su cuenta.
—Voy al SUMO.
Regresó recalentado y sonriente. Estaba mellado.
—¿Cuántas botellas?
—Una entera. Aunque conozco mejores asiáticos en la zona.
—¿Masajes?
—Sí, jaja. ¡Atrévete, joder! Toma la dirección.
Un salón de belleza a cinco minutos andando. Él apenas hacía comentarios del trabajo. Sin embargo, entraba con facilidad en cualquier asunto sexual.
Yo no tenía mucho que hacer, excepto aguantar como un maniquí. Ansiaba salir del bucle, de la envoltura de madera añeja que revestía la oficina. Fiché y caminé hacia aquel salón.
Me planté en el portal. Una pegatina morada destacaba el 3º D. Pulsé el interruptor. Oí como descolgaban. Abrieron la puerta sin preguntar.
No había portero. Solo un ascensor viejo con el espejo pintarrajeado de anuncios de compañía. Reflejaba mi rostro partido en dos mitades, una oscura y otra iluminada.
Salí del ascensor. Delante, la puerta entornada del 3º D. Dudé. El timbre no funcionaba. Empujé la hoja con cuidado. Sonó una campanilla eléctrica.
Esperaba ojos rasgados y presencié una melena azabache con líneas rojas cruzando las mejillas.
—Hola, venía al salón de...
—Aquí ya no exfolian pieles.
—Disculpe... Adiós.
—No es lo que quieres. Ven conmigo.
La estancia era un diorama de estantería. Alfombras, lámparas y una jirafa tocando el techo. Nos acomodamos en el suelo. Me observó en silencio, alternando entre mi ojo dominante y el vago.
—Exploraré tus puntos gatillo.
Palpó el cuello y descendió hasta detenerse en el dorsal ancho izquierdo.
—Congestión en el cuadrado lumbar.
Atacó el músculo. Sentí una puñalada placentera, como un diente de leche a punto de caer. Continuó presionando la entraña comprimida. Me mareé.
Mi mente se apagó. Quedé en blanco con las babas colgando. Hice ruidos, muecas primitivas. Estaba inerte.
Un afilado siseo invadió la habitación. Un capullo se contraía y expandía. Vislumbré una planta carnívora. Abrió su mandíbula y en la cavidad vi mi abismo. Temblé y lloré antes de desmayarme.
Desperté debajo de la jirafa. La mujer tejía un hilorama.
El ascensor aguardaba abierto.